En Venezuela, las condiciones climáticas pueden variar significativamente a lo largo del día y según la región. No es poco común que las temperaturas ambientales oscilen entre los 20 °C y superen los 40 °C en pocas horas. Este contexto representa un desafío constante para múltiples industrias, especialmente aquellas que dependen de un control térmico preciso para garantizar la calidad de sus productos.
Existe una percepción generalizada de que la gestión térmica en logística y almacenamiento se limita exclusivamente a la cadena de frío. Sin embargo, muchos insumos industriales no requieren temperaturas bajo cero, sino estabilidad térmica dentro de rangos específicos, donde el riesgo principal no es la congelación, sino la degradación causada por el exceso de calor.
Uno de estos casos es la manteca de uso industrial, un producto ampliamente utilizado en procesos alimentarios que exige condiciones de almacenamiento cuidadosamente controladas para preservar sus propiedades físicas y químicas.
La manteca y sus parámetros críticos de temperatura
La manteca debe mantenerse, de forma general, dentro de un rango de temperatura que va desde los 10 °C, hasta 34 °C. Superar estos valores puede afectar su estructura, alterar su estabilidad y comprometer la calidad del producto final, lo que deriva en pérdidas económicas y riesgos reputacionales para las marcas que la procesan o comercializan.
El comportamiento de la manteca depende de su estabilidad lipídica, de su estructura cristalina y de condiciones ambientales constantes. Exposiciones prolongadas a temperaturas elevadas aceleran procesos como la oxidación y la pérdida de plasticidad, especialmente en entornos donde la temperatura exterior puede alcanzar los 40 °C al mediodía, como ocurre en algunas zonas del país.
El desafío logístico en climas extremos
El principal reto no está únicamente en el producto, sino en el entorno que lo rodea. Almacenes sin control climático activo, ventilación insuficiente o falta de visibilidad sobre la temperatura real del espacio pueden provocar desviaciones térmicas que pasan desapercibidas hasta que el daño ya está hecho.
En estos escenarios, confiar únicamente en controles manuales o revisiones puntuales resulta insuficiente. La temperatura no es estática: fluctúa a lo largo del día, responde a la carga térmica del entorno y se ve afectada por factores externos como la radiación solar o la rotación de inventario.
De la suposición al dato: la importancia del monitoreo continuo
Contar con información precisa y en tiempo real sobre el comportamiento térmico de los espacios de almacenamiento permite a las empresas pasar de una gestión reactiva a una gestión preventiva. Saber cuándo, cómo y por cuánto tiempo se sale un entorno de los rangos recomendados es clave para tomar decisiones oportunas y reducir riesgos.
En este contexto, soluciones de monitoreo ambiental como IDSense, de PandaID Soluciones, permiten visualizar cómo se comporta la temperatura a lo largo del día, identificar puntos críticos y actuar antes de que una desviación térmica impacte directamente en la calidad del producto. Más que un control, se convierte en una herramienta de apoyo a la operación y a la toma de decisiones.
Un reto común en mercados de alta temperatura
El caso de la manteca en Venezuela es solo un ejemplo de una realidad más amplia: no todos los productos requieren frío extremo, pero todos requieren control. En mercados donde las condiciones ambientales son exigentes, el conocimiento preciso de la temperatura deja de ser un dato accesorio y se convierte en un factor clave para la continuidad operativa, la calidad y la eficiencia logística.
La correcta gestión térmica, respaldada por datos confiables, es hoy una ventaja competitiva para las empresas que buscan operar de forma más segura, eficiente y sostenible en entornos desafiantes.